Nuestras historias

 

HALLOWEEN, por Isabel usuga

 

 

El misterio de la casa de Sara Perkins”

 

Hace no muchos años en un pueblo alejado de la ciudad, vivía un niño llamado Juan. Él estaba muy emocionado por la noche de Halloween , era muy ambicioso y quería coger más dulces que todos sus amigos.

Cuando quedaron todos al atardecer, fueron por todo el pueblo pidiendo golosinas. Sólo quedaba una casa por visitar, la de la señora Sara Perkins. Juan insistió en ir, pero sus amigos se negaban.

 

¡No vayas, corren rumores de que está encantada!- Dijeron sus amigos.

Yo sólo quiero caramelos, podeis quedaros aquí, iré yo sólo.- contestó Juan y partió hacia el fin de la calle donde se encontraba la casa.

 

Al llamar a la puerta, le abrió la dueña de la casa. Juan nunca la había visto, era una mujer de avanzada edad, con el pelo gris enmarañado y arrugas en toda la cara. Llevaba un vestido rosa desgastado y sucio y unas zapatillas marrones llenas de barro.

 

¿Truco o trato?- Dijo Juan tratando de sonreir.

Si querido pasa, tengo los dulces dentro. La señora Perkins mostró una sonrisa que mostraba sus encías desnudas de dientes.

 

Juan sintió un escalofrío cuando entró a la casa llena de gatos. Él no sabía que Sara Perkins le quería para llevar a cabo un rito de resurrección, para traer a la vida a su difunto esposo. En cuanto el niño se sentó en el sofá, la mujer le agarró del cuello y le metió un calcetín sudado en la boca para que no gritara. Juan estaba horrorizado, la señora Perkins le ató las manos y le sentó al lado de la chimenea, sin decirle ni una palabra.

El resto de la noche de ese 31 de octubre se pasó leyendo conjuros en un libro sentada en un sillón en frente de Juan. El niño lloraba preguntándose si sus padres no estaban preocupados por él. Pero el amanecer llegó y ya era el Día de todos los santos, 1 de noviembre. Sara Perkins echó al niño al fuego de la chimenea , que entre gritos desgarradores, fue cubierto de polvos de arañas y hojas del otoño del 66 para completar el conjuro. Sara Perkins comtempló con una mirada vacía sus cenizas y luego se las comió, diciendo en voz baja el conjuro que trajo de vuelta a su esposo.

Desde ese otoño la casa que estaba maldita y algunos de los amigos de Juan juran haberle visto las siguientes noches de Halloween caminando solitario por la calle de la casa Perkins.